Coincidiendo con el estreno en España de la sexta y última temporada de la serie Perdidos el próximo 9 de febrero, Duomo ediciones publica Perdidos. La filosofía, de Simone Regazzoni.
A partir del estreno de la serie televisiva, Simone Regazzoni colgará cada semana un post comentando el último capítulo emitido. La cuenta atrás ha empezado...
Decepcionados. Muchos se confiesan decepcionados con el final. Porque no han llegado las respuestas. Porque muchos enigmas han permanecido como tal. Decepcionados, particularmente, porque La respuesta no ha llegado. Hace seis años que vivimos (sí, para nosotros también ha sido así) en la Isla y, ahora que llegamos al final, seguimos sin saber qué es la Isla en realidad. Nos sentimos decepcionados porque se nos escapa la verdad. Antes de empezar a comentar el sentido de esta ausencia manifiesta de la realidad de la Isla, veamos qué efecto tiene sobre nosotros.
Muchos seguirán sintiéndose decepcionados, lo admito. Querían respuestas. Pero, ¿qué están haciendo? ¿Dónde están ahora? Están, estamos, todavía allí, todavía en la Isla, debatiendo. Protestando y dando puñetazos como Locke sobre la escotilla. Es como si nada hubiera terminado. Como si Perdidos siguiera su curso. Al límite, como si esta historia extraordinaria siguiera desarrollándose (entre las varias hipótesis que circulan, está la de un final alternativo que podremos ver en DVD). Perdidos es una obra incompleta que permanece abierta a infinitas interpretaciones y con la que todavía podemos embarcarnos en batallas conceptuales. Si nos ha decepcionado es porque pensábamos que una serie que ha revolucionado la manera de hacer televisión al final volvería sobre las estructuras básicas y nos mostraría, en el último episodio, que toda la enrevesada complejidad tenía una solución. Ésta es la solución, éste es el asesino. Como si Perdidos, en el fondo, no fuera más que un espléndido puzzle que se resuelve al final. Y, sin embargo, no es así. Perdidos no es un puzzle sofisticado. Perdidos nos ha hablado de la realidad como estructura de gran complejidad y termina con absoluta coherencia: podemos habitar la complejidad pero no resolverla. En la vida, no existen respuestas definitivas que puedan darle un sentido a todo. Podemos encontrar la manera de vivir y sobrevivir en un mundo / Isla complejos, pero debemos evitar dejarnos seducir por la idea de que existen respuestas simples a la complejidad.
Mientras escribía mi libro, aposté por una idea: Perdidos presenta un planteamiento de la verdad parecido al teorizado por Heidegger y representado, por el filósofo alemán, como un rayo de luz, una iluminación (Lichtung) que, sin embargo, conserva un trasfondo de impenetrable oscuridad. Esta verdad no implica la revelación absoluta de algo sino la revelación de las cosas que, al mismo tiempo, mantienen en el fondo un aspecto oscuro y enigmático. Ésta es la verdad de la complejidad y debemos aprender a vivir con ella sabiendo que siempre queda una opacidad en el fondo, que todo no puede ser revelado ni comprendido. El final de Perdidos está totalmente en línea con esta idea de verdad y nos empuja precisamente a pensar en ello.
Bien, podría decirse. El final de Perdidos será también coherente desde el punto de vista filosófico pero la idea de la realidad que Perdidos presenta es pesimista: es una realidad en la que no podemos orientarnos y en la que estamos condenados a seguir perdidos. En cierto sentido, es verdad pero sólo si nos fijamos en nuestra relación individual con la realidad. Ahora bien, la fuerza del final de Perdidos reside justo aquí porque nos dice: no debemos pretender encontrar un sentido y un valor a la existencia planteándonos la posibilidad de resolver la complejidad de la realidad sino centrándonos en nuestra relación con los demás. Ya lo habíamos visto: son los lazos con los demás la única constante en un universo complejo. Eso no significa que construir estos lazos resulte fácil pero es ahí donde se juega la partida crucial para los vivos. No importa que sea un lazo amoroso o de amistad. Se trata, en otros términos, de vivir juntos para no morir solos. Por eso, el final se concentra en los personajes. La realidad paralela de la Isla, con su final fantástico, en el fondo es la prueba ontológica de esto: están todos muertos pero lo que importa es que no están solos.
Unas reflexiones muy interesantes. A mí me habría gustado que se hubiesen explicado algunas cosas más (como la infección, que afecta al comportamiento de dos personajes importantes), pero resolver completamente todos los misterios habría convertido a Perdidos en algo más convencional y le habría quitado gracia a la serie. Lo fascinante es poder seguir debatiendo sobre sus enigmas y su significado después de que haya acabado. A mí me basta con la explicación que se dio acerca de la naturaleza de la luz de la Isla. Eso hace volar la imaginación.
05/6/2010 | Lainier
http://www.youtube.com/watch?v=PK7CJ_2K-1E
21/6/2010 | tietgale
Perdidos. La filosofía. Las claves de Lost