Coincidiendo con el estreno en España de la sexta y última temporada de la serie Perdidos el próximo 9 de febrero, Duomo ediciones publica Perdidos. La filosofía, de Simone Regazzoni.

A partir del estreno de la serie televisiva, Simone Regazzoni colgará cada semana un post comentando el último capítulo emitido. La cuenta atrás ha empezado...

Perdidos (diario filosófico)

«2 de febrero de 2010: la cuenta atrás ha comenzado. El momento de la verdad se acerca. Aunque aún resulte difícil intuir simplemente cuál puede ser el perfil de esta verdad. No faltan pistas pero sí el patrón que les dé un sentido. ¿De qué verdad estoy hablando? De la verdad de Perdidos, de una obra de arte televisiva sin parangón que ha apasionado a millones de personas poniendo sobre la mesa la pérdida de la verdad como certeza, como algo que da equilibrio a un mundo en el que podamos orientarnos.

Cierto, nadie ha dicho (de hecho, es poco probable) que la verdad de Perdidos se presentará como una simple respuesta que resuelva todas las dudas e interrogantes. En Perdidos, no se tratará de descubrir la verdad de forma similar a cómo se descubre al asesino en las novelas negras. Seguramente, nos enfrentaremos cara a cara con el enigma de la Isla tras años recorriendo junto a los losties lo que Heidegger llamaba holzwege, los caminos que se pierden en el bosque.

Mientras esperamos, resulta interesante mirar a nuestro alrededor, echar un vistazo al mundo "real". Se pueden descubrir cosas interesantes gracias a los efectos muy reales de la ficción, especialmente de una ficción excepcional como la de Perdidos.

El ocho de enero de 2010, el portavoz del presidente norteamericano, Robert Gibbs, se presentó delante de la prensa para anunciar lo siguiente: "Con su discurso sobre el Estado de la Unión frente al Congreso, el presidente Barack Obama no pondrá en peligro la emisión del primer episodio de la sexta y última temporada de Perdidos". En los días previos, se había extendido la hipótesis de que el día 2 de febrero de 2010, fecha de inicio de la última temporada de la serie de televisión Perdidos, Obama ocuparía las pantallas estadounidenses con su discurso sobre el Estado de la Unión. Este rumor provocó el enfado de los fans de la serie en Facebook y Twitter.

El presidente de Estados Unidos no respondió como habría podido: ¡Pero si sólo es ficción! Existen temas mucho más serios y reales, como por ejemplo la reforma sanitaria en Estados Unidos, y es de eso de lo que hablaré frente al Congreso aunque eso signifique aplazar la emisión de una serie de ficción televisiva. No. Obama dejó que su portavoz declarara lo siguiente: "No puedo imaginar un contexto en el que el Presidente deje a millones de personas sin la respuesta que esperan ante los interrogantes planteados en Perdidos". En otras palabras, las incógnitas planteadas en la ficción son más importantes que las palabras del presidente. Esto es algo que a muchos les puede parecer inquietante pero que ilustra a la perfección el poder de la ficción y de su interacción con la realidad.

Pero, ¿por qué la ficción, en apariencia tan inconsistente y pasajera, tiene tanta fuerza de inserción en la dura realidad, hasta el punto de ser capaz de oponerse al poder del Presidente de Estados Unidos? Porque no existe una distinción ontológica clara entre realidad y ficción, es decir, entre lo que es ficción y lo que es realidad.

La realidad es permeable a la ficción porque se estructura a través de ella. Hoy más que nunca. La realidad, como nos enseña Perdidos, es un sistema complejo en el que la ficción, en sus diversas formas, es un elemento esencial. Por lo tanto, en este sentido, la imagen que ha circulado por la red y que ha retratado a Barack Obama y a Jack Shephard el uno junto al otro representa perfectamente el espíritu del tiempo.»

Comentarios. Deja el tuyo

  • Estimado Simone,
    Sí, estoy completamente de acuerdo con tu apreciación de la inevitable infiltración de lo ficticio en el plano de lo real. De hecho no creo que nadie hasta ahora haya logrado establecer una demarcación clara entre una y otra. La Ilustración es la empresa más ambiciosa en este sentido, el intento más acusado de separar lo que es real de lo que no. Así, la ciencia moderna, hija predilecta de la Ilustración, esgrimió el positivismo como arma para allanar el terreno de la realidad y así terminar de una vez con esos molestos grumos que son los malentendidos. Sin embargo, se intentó derruir al mayor de los fantasmas, Dios, pero se instalaron otros en su lugar, el Estado, el Capital, la Ciencia, que permean toda nuestra existencia con el mismo halo de irrealidad con que lo hacía el primero. Porque, en definitiva, ¿qué es lo real? Bergson decía que haciendo acopio de sentido común, aquello que se aparece como lo real, aquello que circunda nuestro cuerpo y que vivimos como mundo y como otros, no son más que imágenes. La principal condición de la imagen es que nunca se presenta como totalidad transparente e inteligible, pues siempre permanece opaca en algún ángulo o estrato. Pero, ¿existe algo que no percibamos como imagen? Absolutamente no. Nuestro modo de acceso a lo real es la imagen, pero la imagen está preñada de misterio y secreto.
    También Spinoza, a pesar de sus nociones claras, tenía que partir necesariamente de las nociones confusas, porque en el fondo los choques de los objetos con nuestro cuerpo, que son el sustrato de nuestro conocimiento, dan siempre en primer lugar una imagen, impregnada de todo el misterio de la corporalidad.

    Yo creo, de hecho, que es esta condición (la de la ficción impregnando lo real) la que posibilita cualquier tentativa de conocimiento, porque ¿cómo se podría erigir ninguna imagen sino hubiera una opacidad que detuviera su tendencia a dispersarse en todas las otras imágenes?

    26/2/2010 | Sergio

  • Estimado Simone,
    Sí, estoy completamente de acuerdo con tu apreciación de la inevitable infiltración de lo ficticio en el plano de lo real. De hecho no creo que nadie hasta ahora haya logrado establecer una demarcación clara entre una y otra. La Ilustración es la empresa más ambiciosa en este sentido, el intento más acusado de separar lo que es real de lo que no. Así, la ciencia moderna, hija predilecta de la Ilustración, esgrimió el positivismo como arma para allanar el terreno de la realidad y así terminar de una vez con esos molestos grumos que son los malentendidos. Sin embargo, se intentó derruir al mayor de los fantasmas, Dios, pero se instalaron otros en su lugar, el Estado, el Capital, la Ciencia, que permean toda nuestra existencia con el mismo halo de irrealidad con que lo hacía el primero. Porque, en definitiva, ¿qué es lo real? Bergson decía que haciendo acopio de sentido común, aquello que se aparece como lo real, aquello que circunda nuestro cuerpo y que vivimos como mundo y como otros, no son más que imágenes. La principal condición de la imagen es que nunca se presenta como totalidad transparente e inteligible, pues siempre permanece opaca en algún ángulo o estrato. Pero, ¿existe algo que no percibamos como imagen? Absolutamente no. Nuestro modo de acceso a lo real es la imagen, pero la imagen está preñada de misterio y secreto.
    También Spinoza, a pesar de sus nociones claras, tenía que partir necesariamente de las nociones confusas, porque en el fondo los choques de los objetos con nuestro cuerpo, que son el sustrato de nuestro conocimiento, dan siempre en primer lugar una imagen, impregnada de todo el misterio de la corporalidad.

    Yo creo, de hecho, que es esta condición (la de la ficción impregnando lo real) la que posibilita cualquier tentativa de conocimiento, porque ¿cómo se podría erigir ninguna imagen sino hubiera una opacidad que detuviera su tendencia a dispersarse en todas las otras imágenes?

    26/2/2010 |caca

    23/4/2010 | caca

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  • Simone Regazzoni

    Simone Regazzoni nació en Génova en 1975 y es profesor en la Universidad Católica de Milán. Es coautor, bajo el pseudónimo colectivo de Blitris, de La filosofía del Dr. House, así como de La decostruzione del politico, Harry Potter e la filosofia y Nel nome di Chora.

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