Coincidiendo con el estreno en España de la sexta y última temporada de la serie Perdidos el próximo 9 de febrero, Duomo ediciones publica Perdidos. La filosofía, de Simone Regazzoni.
A partir del estreno de la serie televisiva, Simone Regazzoni colgará cada semana un post comentando el último capítulo emitido. La cuenta atrás ha empezado...
Cuarto episodio de la sexta temporada: de repente, nos encontramos observando la Isla desde un punto de vista insólito e inesperado, el del monstruo de humo negro.
El humo negro, monstruo o cosa aún no definible, es quizá uno de los misterios de Perdidos que, desde el comienzo, ha fascinado a un mayor número de fans y que, con sus apariciones, ha contribuido a crear el ambiente perturbador de la Isla. El sonido que anuncia su aparición, una especie de sirena profunda, es casi siempre un presagio de muerte. Sólo Eko consigue, en una ocasión, enfrentarse al humo negro sin sufrir las terribles consecuencias. Pero, al final, será ese mismo humo negro el que acabe con su vida.
Pero, ¿qué es esta Cosa portadora de muerte? En apariencia, se trata de una entidad casi inmaterial: un denso humo negro. Pero esta aparente inmaterialidad contrasta tanto con los sonidos que produce, parecidos a los de una polea y asociados con la aparición del humo negro (además de otros que recuerdan a los de las descargas electrostáticas), como con la fuerza que posee este humo (puede agarrar, levantar y lanzar cosas y personas) y al que casi nada parece poder hacerle frente o contener, nada aparte de la ceniza esparcida por tierra para formar espacios protegidos. Sabemos también que Ben era capaz de invocarlo pero no de controlarlo.
En el comienzo de la sexta temporada ocurre algo importante: el humo negro se revela como una de las formas en las que se manifiesta una Cosa que parece amenazar a la Isla y, quizá, al mundo entero. Por lo tanto, la Isla no sólo es enigmática y está dotada de poderes singulares sino que la "habita" una Cosa inquietante con rasgos mortíferos y destructivos. Descubrimos además que esta cosa ha adoptado la apariencia del difunto John Locke, al igual que en el pasado probablemente adoptara la apariencia del padre de Jack.
¿Qué nos dice todo esto? Que el humo negro no era simplemente un monstruo añadido a una historia de por sí ya demasiado compleja y poblada de personajes sino que es la manifestación de una Cosa inscrita en el corazón de la Isla misma y alrededor de la cual casi con toda seguridad veremos que se ha construido Perdidos. Ya hemos visto los indicios de esta centralidad de la Cosa que ha adoptado primero el aspecto del monstruo del humo negro y después la apariencia de John Locke. Durante muchísimos años, tal vez milenios, esta Cosa ha permanecido prisionera de algún modo pero, ahora, tras el asesinato de Jacob, se ha liberado y amenaza no sólo con matar a todos los que están en la Isla sino, podemos suponer, con destruir también el mundo que existe más allá de la Isla. En otras palabras: el equilibro entre el principio del Bien como algo que dota de estabilidad a las cosas y protege la vida y el principio del Mal como fuerza destructora y disgregadora se ha visto alterado. En los próximos episodios, con casi toda probabilidad, asistiremos a un enfrentamiento entre los que se posicionen de un lado y los del otro.
Lo que sigue siendo extremadamente interesante desde el punto de vista filosófico no es sólo la visión en el horizonte del enfrentamiento épico que se avecina entre dos principios metafísicos, el Bien y el Mal, sino también y sobre todo el hecho de que, con el cuarto episodio de la sexta temporada, Perdidos nos muestra el corazón de lo real poniéndonos cara a cara con sus manifestaciones monstruosas. Lo real, podríamos decir volviendo a Jacques Lacan, no es la realidad estable y estructurada con la que nos enfrentamos normalmente. Lo real es aquello que escapa a esta estructuración, una especie de Cosa traumática que amenaza siempre con desestabilizar la estructuración misma de la realidad. No tenemos acceso a este aspecto real traumático y amenazante pero es posible encontrar en la realidad alguna de sus manifestaciones que muy a menudo tienen un aspecto monstruoso. En este sentido, el humo negro es una manifestación, en la realidad, de lo real traumático inscrito en el corazón de la realidad, una realidad con la que Perdidos parece haber llegado por fin al ajuste de cuentas final.
Perdidos. La filosofía. Las claves de Lost