Coincidiendo con el estreno en España de la sexta y última temporada de la serie Perdidos el próximo 9 de febrero, Duomo ediciones publica Perdidos. La filosofía, de Simone Regazzoni.
A partir del estreno de la serie televisiva, Simone Regazzoni colgará cada semana un post comentando el último capítulo emitido. La cuenta atrás ha empezado...
¿Cómo pueden convivir la libertad y la predestinación?
A medida que se desarrolla la sexta temporada, la cuestión se vuelve cada vez más apremiante. En el momento en que descubrimos que existen pre-elegidos, y que los nombres de algunos de los losties ya estaban escritos en la Isla (en la cueva del acantilado y en el faro), podríamos sentir la tentación de sacar la conclusión de que en Perdidos reina el destino y no el libre albedrío (es decir, la posibilidad de que un sujeto sea el artífice de su propio destino). Todo estaría ya escrito. Ya previsto. Todo lo que sucede, y lo que ha sucedido, formaría parte de un oscuro plan que aún no conocemos pero que guía en secreto a hombres y cosas.
¿Pero esto es así en realidad? ¿Perdidos es la alegoría de un mundo en el que reina el destino? Por lo tanto, ¿sería el destino el esquema que pone orden en un caos aparente?
Partimos de un hecho simple. Si en Perdidos reinara de verdad el destino, si todo estuviera ya escrito, entonces al menos aquellos que saben que todo está ya escrito (como, por ejemplo, Jacob) no tendrían que preocuparse tanto por intentar que suceda una cosa u otra, o por evitar que ocurriera algo. Pero, como hemos visto, incluso Jacob se ha tomado grandes molestias para, digámoslo así, echarle una mano al destino. ¿Se trata de una contradicción narrativa? No. Se trata más bien de atenuar que en Perdidos se nos muestra una idea específica de libertad.
La idea de libertad que nos muestra Perdidos no es una libertad abstracta y absoluta sino más bien una libertad inscrita en una situación muy concreta. Es la libertad como la capacidad de las personas de responder a lo que sucede (de responder a la acción) en una situación específica en la que se encuentran inmersos. Una situación que los sujetos no han elegido y que no pueden elegir cambiar por otra pero en la que sí pueden elegir cómo actuar, en la que pueden decidir de qué parte estar, en la que pueden elegir cómo responder ante lo que sucede. Éste es el sentido profundo de la libertad como responsabilidad, es decir, como capacidad de responder ("responsabilidad" viene del latín respondere, "responder") ante lo que sucede.
Cierto: los losties no han elegido caer en la Isla. Muchos de los actos que han llevado a cabo se vieron profundamente condicionados por el contexto en el que se encontraban. Pero cada uno ha respondido de una forma diferente a lo que ha sucedido. Exactamente eso: cada uno se ha convertido en la persona que conocemos, y que hemos aprendido a amar o a odiar (Jack, Sawyer, Kate, Juliet, Locke), justamente a través de la forma singular en la que cada uno ha respondido a lo que ha sucedido. En términos más precisos, podríamos decir que cada uno se ha convertido en la persona que es, y que conocemos, gracias a la forma singular en la que se han reapropiado del nombre que ya les esperaba en la Isla, a través del modo singular en el que cada uno ha hecho suyo su nombre, a través del modo singular en el éste se ha convertido en su nombre propio. Los nombres de Jack, Kate, John, Sawyer, etc. ya estaban escritos en la Isla (y eso significa sin duda que cierto destino esperaba a los protagonistas: llegar a la Isla). Pero esto no es una forma de decir que todo estaba escrito sino más bien una forma de decir que la libertad de las personas consiste precisamente en el modo libre en el que cada uno responde a la llamada de una situación que no se puede elegir y que le espera.
Pensémoslo bien: ¿no es ésta una alegoría de nuestra condición de sujetos en el mundo?
El hecho de tener un nombre nos parece algo de lo más normal. Casi algo natural. Nuestro nombre forma parte de nosotros. Somos nosotros. Apreciamos nuestro nombre, nuestro buen nombre, al igual que apreciamos el de las personas a las que queremos. Pero nunca, o casi nunca, pensamos en el hecho de que nuestros nombres nos esperaban, nos precedieron, o en que, en cualquier caso, nuestros nombres llegaron antes que nosotros tuviéramos siquiera conciencia de lo que somos. De todas formas, nuestros nombres han precedido a nuestra posibilidad de decir "Yo" y de decir nuestro nombre.
También nuestros nombres, en cierto sentido, al igual que los de Jack, Kate o John, estaban ya escritos. Y nos esperaban. Porque no somos nosotros los que elegimos nuestros nombres: los recibimos. Nuestro nombre nos precede y nos espera antes de llegar a la vida, a las puertas de la vida. Aquello en lo que nos convertimos no es otra cosa que la manera singular en la que, como respuesta a la llamada de la vida, hacemos propio nuestro nombre. La extraña impresión que tenemos al pensar que una persona no podría tener otro nombre que el que tiene nos dice, de una forma un tanto oscura, exactamente esto: las personas son la libre apropiación de un nombre que no han elegido hasta tal punto que el nombre de una persona que conocemos parece ser singular, único, aunque otros millones de personas se llamen igual. Porque cada persona es una manera singular de apropiarse de su nombre.
Volviendo a los losties: también es posible que todos estuvieran destinados, desde su nacimiento, a encontrarse en la Isla y, por lo tanto, en la misma situación. Pero cada una y cada uno ha respondido de forma única y singular, y libre, a dicha situación, a la llamada del destino, convirtiéndose así en lo que cada uno es. Cada una se ha convertido en la mujer que es, y cada uno en el hombre que es, gracias a la forma singular en la que ha respondido a lo que le ha sucedido. Pero se podría objetar que, en el fondo, los losties no han hecho más que aceptar lo que les ha sucedido, que casi han abrazado su destino en vez de haberse rebelado contra él. Ahora bien, la historia es precisamente ésa. En Perdidos, la libertad se define precisamente como la capacidad de estar a la altura de lo que sucede, de ser dignos de lo que ocurre, de responder, sí, pero sin resignación, al suceso que tiene lugar. Fue el filósofo Gilles Deleuze quien describió de la mejor manera este tipo de libertad en la que un cierto amor fati (amor por el destino) nietzscheniano se mezcla con dicha libertad: "O la moral no tiene ningún sentido o es justo esto lo que quiere decir, esto y nada más que esto: no hay que ser indignos de lo que sucede (...). En este sentido, ¿el amor fati conforma un todo con la lucha de los hombres libres?"
No existe un algo porque regirnos. solo el hombre condicionado se siente atado a lo que el mismo creo. es necesario que el hombre retorne a su libertad. su filosofia, su etica, su moral esta atada, en realidad, creada, por su conjunto mental. lalibertad del hombre solo puede alcanzarse por el conocimiento d euna verdad profunda. esa verdad de la cual Jesus dijo, conocereis la verdad y la verdad os hara libres. esa verdad es siempre creada por el SER, por el YO SOY. todo esto y mas lo aprendi y ustedes deben aprenderlo, en el libro YO SOY FELIZ, YO SOY RICO. de andrew Corentt. ese libro realmente transforma la vida de las personas. es una obra filosofica, practica. muestra una psicologia profunda y una desmitificacion contindente de ese ocultismo tenebroso de la edad media y presenta los hechos sin ambages ni amplitud de conceptos erroneos y enganosos. comprenlo en www.corentt.com y se liberaran paar siempre de las cadenas que ustedes mismos han creado.
02/4/2010 | john
Perdidos. La filosofía. Las claves de Lost