El diario de Perdidos - Blog de Simone Regazzoni http://www.gentedigital.es/blogs/eldiariodeperdidos/ Sun, 05 Feb 2012 15:10:27 +0100 FeedCreator 1.7.2 La otra verdad de Perdidos http://www.gentedigital.es/blogs/eldiariodeperdidos/4/blog-post/118/la-otra-verdad-de-perdidos/ Decepcionados. Muchos se confiesan decepcionados con el final. Porque no han llegado las respuestas. Porque muchos enigmas han permanecido como tal. Decepcionados, particularmente, porque La respuesta no ha llegado. Hace seis años que vivimos (sí, para nosotros también ha sido así) en la Isla y, ahora que llegamos al final, seguimos sin saber qué es la Isla en realidad. Nos sentimos decepcionados porque se nos escapa la verdad. Antes de empezar a comentar el sentido de esta ausencia manifiesta de la realidad de la Isla, veamos qué efecto tiene sobre nosotros.

Muchos seguirán sintiéndose decepcionados, lo admito. Querían respuestas. Pero, ¿qué están haciendo? ¿Dónde están ahora? Están, estamos, todavía allí, todavía en la Isla, debatiendo. Protestando y dando puñetazos como Locke sobre la escotilla. Es como si nada hubiera terminado. Como si Perdidos siguiera su curso. Al límite, como si esta historia extraordinaria siguiera desarrollándose (entre las varias hipótesis que circulan, está la de un final alternativo que podremos ver en DVD). Perdidos es una obra incompleta que permanece abierta a infinitas interpretaciones y con la que todavía podemos embarcarnos en batallas conceptuales. Si nos ha decepcionado es porque pensábamos que una serie que ha revolucionado la manera de hacer televisión al final volvería sobre las estructuras básicas y nos mostraría, en el último episodio, que toda la enrevesada complejidad tenía una solución. Ésta es la solución, éste es el asesino. Como si Perdidos, en el fondo, no fuera más que un espléndido puzzle que se resuelve al final. Y, sin embargo, no es así. Perdidos no es un puzzle sofisticado. Perdidos nos ha hablado de la realidad como estructura de gran complejidad y termina con absoluta coherencia: podemos habitar la complejidad pero no resolverla. En la vida, no existen respuestas definitivas que puedan darle un sentido a todo. Podemos encontrar la manera de vivir y sobrevivir en un mundo / Isla complejos, pero debemos evitar dejarnos seducir por la idea de que existen respuestas simples a la complejidad.

Mientras escribía mi libro, aposté por una idea: Perdidos presenta un planteamiento de la verdad parecido al teorizado por Heidegger y representado, por el filósofo alemán, como un rayo de luz, una iluminación (Lichtung) que, sin embargo, conserva un trasfondo de impenetrable oscuridad. Esta verdad no implica la revelación absoluta de algo sino la revelación de las cosas que, al mismo tiempo, mantienen en el fondo un aspecto oscuro y enigmático. Ésta es la verdad de la complejidad y debemos aprender a vivir con ella sabiendo que siempre queda una opacidad en el fondo, que todo no puede ser revelado ni comprendido. El final de Perdidos está totalmente en línea con esta idea de verdad y nos empuja precisamente a pensar en ello.

Bien, podría decirse. El final de Perdidos será también coherente desde el punto de vista filosófico pero la idea de la realidad que Perdidos presenta es pesimista: es una realidad en la que no podemos orientarnos y en la que estamos condenados a seguir perdidos. En cierto sentido, es verdad pero sólo si nos fijamos en nuestra relación individual con la realidad. Ahora bien, la fuerza del final de Perdidos reside justo aquí porque nos dice: no debemos pretender encontrar un sentido y un valor a la existencia planteándonos la posibilidad de resolver la complejidad de la realidad sino centrándonos en nuestra relación con los demás. Ya lo habíamos visto: son los lazos con los demás la única constante en un universo complejo. Eso no significa que construir estos lazos resulte fácil pero es ahí donde se juega la partida crucial para los vivos. No importa que sea un lazo amoroso o de amistad. Se trata, en otros términos, de vivir juntos para no morir solos. Por eso, el final se concentra en los personajes. La realidad paralela de la Isla, con su final fantástico, en el fondo es la prueba ontológica de esto: están todos muertos pero lo que importa es que no están solos.

 

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Simone Regazzoni Fri, 04 Jun 2010 09:30:00 +0100
La doble cara de la Cosa http://www.gentedigital.es/blogs/eldiariodeperdidos/4/blog-post/101/la-doble-cara-de-la-cosa/ I'm the smoke Thing: yo soy la Cosa de humo. "El humo negro se revela como una de las formas en las que se manifiesta una Cosa que parece amenazar la Isla" escribí en un post anterior. En el octavo episodio (Recon), se explicita aquello que ya estaba claro. La Cosa, mientras se presenta con la apariencia de Locke, declara, hablando con Sawyer, que es la Cosa de humo: "Yo soy la Cosa de humo".


Desde el punto de vista filosófico, ésta es la parte más interesante de este capítulo de transición. La Cosa habla y se autodefine como lo que es. No es un monstruo, no es un espíritu, no es un demonio sino que es simplemente la Cosa, la Cosa de humo.


Pero, ¿qué tiene de interesante todo esto? ¿No era algo que ya sabíamos?


Sí, de hecho, ya lo sabíamos pero, aquí, lo que marca la diferencia es el hecho de que la Cosa, mientras se presenta con la apariencia de John Locke, afirma ser la Cosa de humo. Por primera vez, la Cosa de humo se auto presenta como lo que es pero lo hace mediante la cara y la voz de John Locke: es decir, con la apariencia de un hombre o de algo muy parecido a un hombre. La Cosa de humo no afirma ser lo que es con la apariencia de humo sino como John Locke.


La Cosa, como algo real, demuestra tener claramente una doble cara, demuestra poder presentarse tanto con la apariencia del humo como con la de Locke. Al igual que la realidad de la Cosa que teorizó Jacques Lacan, la Cosa de Perdidos puede adoptar la apariencia de un objeto terrible o la de una persona fascinante. Nosotros mismos percibimos esta dualidad de la Cosa. Por una parte, nos transmite terror: es el humo negro que mata a todo lo que se encuentra en su camino, es el mal que se presenta como tal. Por la otra, nos fascina: tiene la apariencia de John Locke pero de un John Locke que, justamente ahora que ya no es él (porque es la Cosa de humo), se convierte, paradójicamente, en lo que siempre había querido llegar a ser: un verdadero líder. Por eso, cuando, con la apariencia de Locke, la Cosa de humo se presenta, I'm the smoke Thing, no infunde miedo sino que transforma esa fuerza destructiva en la fuerza de un líder. La Cosa de humo, en la piel de Locke, consigue incluso consolar y tranquilizar a los niños aterrorizados tras la matanza realizada justamente por la Cosa de humo negro. Como si la Cosa, con la apariencia de Locke, tranquilizara en contraposición con la fuerza destructora encarnada por la apariencia del humo negro. O, más exactamente, como si la Cosa, con la apariencia de Locke, afianzara la idea de que esa misma fuerza destructora tiene un propósito, está justificada y es justa en cierto modo y que, por lo tanto, su monstruosidad no es más que una cara de la moneda mientras que la otra, la buena, es la que nos habla y, en el fondo, nos dice: "Veis, soy la Cosa de humo negro pero no soy tan monstruoso como parece".


Alguien podría objetar que la Cosa se está marcando un farol. Esta teoría no se puede excluir pero la fuerza narrativa de la Cosa-Locke que dice I'm the smoke Thing nos sitúa cara a cara con otra cuestión: la de la complejidad y la parte fascinante del mal. El mal no es solamente algo banal, como quería Hannah Arendt.

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Simone Regazzoni Sun, 28 Mar 2010 20:30:00 +0100
Mal metafísico y mal moral http://www.gentedigital.es/blogs/eldiariodeperdidos/4/blog-post/96/mal-metafisico-y-mal-moral/ Por fin se habla del mal. La Cosa que adopta la apariencia de John Locke o que se muestra como el humo negro, y que amenaza a todos los que se encuentran en la Isla (pero la amenaza bien podría extenderse incluso más allá), sería la encarnación del mal. Al menos, según lo que Dogen le dice a Sayid.


Pero, ¿qué debemos entender con esta palabra: "mal"?


Resulta interesante señalar como en el sexto episodio de la sexta temporada (Sundown) se nos presentan dos aspectos diferentes del mal. Se trata de las dos formas del mal que en filosofía se definen como mal metafísico y mal moral. Existe el mala in mundo (las cosas terribles que suceden en el mundo y que, en cierto modo, están relacionadas con los actos de las personas) del que los hombres deben responder y también existe el malum mundi o malum methaphysicum, un Mal inscrito en el corazón de la realidad, además del ser o de Dios.


En el mundo en el que han aterrizado los losties en Los Ángeles, nos encontramos de frente con el problema del mal moral mientras que en la Isla nos enfrentamos al mal metafísico.


En el mundo en el que aterrizan los losties, Sayid vuelve de un viaje de trabajo desde Australia y va a visitar a Nadia que, en esa realidad, se ha casado con el hermano de Sayid.


Sayid está atormentado por su pasado y cuando el hermano le pide ayuda por un problema de deudas, apelando a su experiencia como miembro de la Guardia Republicana iraquí, Sayid se niega: ha cambiado, ahora es un hombre bueno. Aquí, la idea del mal está relacionada con los actos que lleva a cabo una persona. Sayid ya no quiere seguir realizando algunos actos malvados: su bondad está relacionada con el tipo de acciones que realiza, con el modo de comportarse. Sin embargo, sucede que los villanos a los que el hermano de Sayid debía dinero envían a éste al hospital y, de este modo, obligan al propio Sayid a seguirles. Se encuentra entre la espada y la pared y les mata. El espectro de su pasado reaparece: Sayid, aunque inmerso en una situación extrema, es culpable de homicidio.


También en la Isla, el protagonista es Sayid y también aquí se pone sobre la mesa el mal que, como una especie de infección, se propaga. Pero es un mal diferente, un mal muy relacionado con las acciones de las personas: pero son personas que ya no parecen ser ellas mismas sino que, de algún modo, están como poseídas por el mal. Sayid aquí también mata: asesina a Dogen y permite de este modo que la Cosa entre en el Templo. Pero aquí el mal moral parece la expresión directa del mal metafísico que se apodera de las personas.


Pero, ¿qué es este mal que tiene la apariencia de Locke y que, como un virus, posee a las personas? Es una especie de principio metafísico que habita en el corazón de la Isla: es aquello que he llamado "lo real" y que, al recuperar la libertad tras la muerte de Jacob, posee una fuerza destructiva incontenible. No es casualidad que el episodio termine con el humo negro entrando en el Templo para llevar a cabo una matanza.


Se perfila así la dimensión de un enfrentamiento épico que a través de ciertas pinceladas nos recuerda al enfrentamiento épico del final de la saga de Harry Potter. Un enfrentamiento no tanto entre un mal metafísico y un bien igualmente metafísico sino entre un mal metafísico como fuerza de destrucción y el poder ético de las personas como capacidad de elección para combatirlo.

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Simone Regazzoni Fri, 12 Mar 2010 11:45:00 +0100
Libertad, destino, nombre propio http://www.gentedigital.es/blogs/eldiariodeperdidos/4/blog-post/94/libertad-destino-nombre-propio/ ¿Cómo pueden convivir la libertad y la predestinación?

A medida que se desarrolla la sexta temporada, la cuestión se vuelve cada vez más apremiante. En el momento en que descubrimos que existen pre-elegidos, y que los nombres de algunos de los losties ya estaban escritos en la Isla (en la cueva del acantilado y en el faro), podríamos sentir la tentación de sacar la conclusión de que en Perdidos reina el destino y no el libre albedrío (es decir, la posibilidad de que un sujeto sea el artífice de su propio destino). Todo estaría ya escrito. Ya previsto. Todo lo que sucede, y lo que ha sucedido, formaría parte de un oscuro plan que aún no conocemos pero que guía en secreto a hombres y cosas.

¿Pero esto es así en realidad? ¿Perdidos es la alegoría de un mundo en el que reina el destino? Por lo tanto, ¿sería el destino el esquema que pone orden en un caos aparente?
Partimos de un hecho simple. Si en Perdidos reinara de verdad el destino, si todo estuviera ya escrito, entonces al menos aquellos que saben que todo está ya escrito (como, por ejemplo, Jacob) no tendrían que preocuparse tanto por intentar que suceda una cosa u otra, o por evitar que ocurriera algo. Pero, como hemos visto, incluso Jacob se ha tomado grandes molestias para, digámoslo así, echarle una mano al destino. ¿Se trata de una contradicción narrativa? No. Se trata más bien de atenuar que en Perdidos se nos muestra una idea específica de libertad.

La idea de libertad que nos muestra Perdidos no es una libertad abstracta y absoluta sino más bien una libertad inscrita en una situación muy concreta. Es la libertad como la capacidad de las personas de responder a lo que sucede (de responder a la acción) en una situación específica en la que se encuentran inmersos. Una situación que los sujetos no han elegido y que no pueden elegir cambiar por otra pero en la que sí pueden elegir cómo actuar, en la que pueden decidir de qué parte estar, en la que pueden elegir cómo responder ante lo que sucede. Éste es el sentido profundo de la libertad como responsabilidad, es decir, como capacidad de responder ("responsabilidad" viene del latín respondere, "responder") ante lo que sucede.

Cierto: los losties no han elegido caer en la Isla. Muchos de los actos que han llevado a cabo se vieron profundamente condicionados por el contexto en el que se encontraban. Pero cada uno ha respondido de una forma diferente a lo que ha sucedido. Exactamente eso: cada uno se ha convertido en la persona que conocemos, y que hemos aprendido a amar o a odiar (Jack, Sawyer, Kate, Juliet, Locke), justamente a través de la forma singular en la que cada uno ha respondido a lo que ha sucedido. En términos más precisos, podríamos decir que cada uno se ha convertido en la persona que es, y que conocemos, gracias a la forma singular en la que se han reapropiado del nombre que ya les esperaba en la Isla, a través del modo singular en el que cada uno ha hecho suyo su nombre, a través del modo singular en el éste se ha convertido en su nombre propio. Los nombres de Jack, Kate, John, Sawyer, etc. ya estaban escritos en la Isla (y eso significa sin duda que cierto destino esperaba a los protagonistas: llegar a la Isla). Pero esto no es una forma de decir que todo estaba escrito sino más bien una forma de decir que la libertad de las personas consiste precisamente en el modo libre en el que cada uno responde a la llamada de una situación que no se puede elegir y que le espera.

Pensémoslo bien: ¿no es ésta una alegoría de nuestra condición de sujetos en el mundo?

El hecho de tener un nombre nos parece algo de lo más normal. Casi algo natural. Nuestro nombre forma parte de nosotros. Somos nosotros. Apreciamos nuestro nombre, nuestro buen nombre, al igual que apreciamos el de las personas a las que queremos. Pero nunca, o casi nunca, pensamos en el hecho de que nuestros nombres nos esperaban, nos precedieron, o en que, en cualquier caso, nuestros nombres llegaron antes que nosotros tuviéramos siquiera conciencia de lo que somos. De todas formas, nuestros nombres han precedido a nuestra posibilidad de decir "Yo" y de decir nuestro nombre.

También nuestros nombres, en cierto sentido, al igual que los de Jack, Kate o John, estaban ya escritos. Y nos esperaban. Porque no somos nosotros los que elegimos nuestros nombres: los recibimos. Nuestro nombre nos precede y nos espera antes de llegar a la vida, a las puertas de la vida. Aquello en lo que nos convertimos no es otra cosa que la manera singular en la que, como respuesta a la llamada de la vida, hacemos propio nuestro nombre. La extraña impresión que tenemos al pensar que una persona no podría tener otro nombre que el que tiene nos dice, de una forma un tanto oscura, exactamente esto: las personas son la libre apropiación de un nombre que no han elegido hasta tal punto que el nombre de una persona que conocemos parece ser singular, único, aunque otros millones de personas se llamen igual. Porque cada persona es una manera singular de apropiarse de su nombre.

Volviendo a los losties: también es posible que todos estuvieran destinados, desde su nacimiento, a encontrarse en la Isla y, por lo tanto, en la misma situación. Pero cada una y cada uno ha respondido de forma única y singular, y libre, a dicha situación, a la llamada del destino, convirtiéndose así en lo que cada uno es. Cada una se ha convertido en la mujer que es, y cada uno en el hombre que es, gracias a la forma singular en la que ha respondido a lo que le ha sucedido. Pero se podría objetar que, en el fondo, los losties no han hecho más que aceptar lo que les ha sucedido, que casi han abrazado su destino en vez de haberse rebelado contra él. Ahora bien, la historia es precisamente ésa. En Perdidos, la libertad se define precisamente como la capacidad de estar a la altura de lo que sucede, de ser dignos de lo que ocurre, de responder, sí, pero sin resignación, al suceso que tiene lugar. Fue el filósofo Gilles Deleuze quien describió de la mejor manera este tipo de libertad en la que un cierto amor fati (amor por el destino) nietzscheniano se mezcla con dicha libertad: "O la moral no tiene ningún sentido o es justo esto lo que quiere decir, esto y nada más que esto: no hay que ser indignos de lo que sucede (...). En este sentido, ¿el amor fati conforma un todo con la lucha de los hombres libres?"

 

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Simone Regazzoni Fri, 05 Mar 2010 15:15:00 +0100
El humo negro en el corazón de lo real http://www.gentedigital.es/blogs/eldiariodeperdidos/4/blog-post/91/el-humo-negro-en-el-corazon-de-lo-real/ Cuarto episodio de la sexta temporada: de repente, nos encontramos observando la Isla desde un punto de vista insólito e inesperado, el del monstruo de humo negro.
El humo negro, monstruo o cosa aún no definible, es quizá uno de los misterios de Perdidos que, desde el comienzo, ha fascinado a un mayor número de fans y que, con sus apariciones, ha contribuido a crear el ambiente perturbador de la Isla. El sonido que anuncia su aparición, una especie de sirena profunda, es casi siempre un presagio de muerte. Sólo Eko consigue, en una ocasión, enfrentarse al humo negro sin sufrir las terribles consecuencias. Pero, al final, será ese mismo humo negro el que acabe con su vida.
Pero, ¿qué es esta Cosa portadora de muerte? En apariencia, se trata de una entidad casi inmaterial: un denso humo negro. Pero esta aparente inmaterialidad contrasta tanto con los sonidos que produce, parecidos a los de una polea y asociados con la aparición del humo negro (además de otros que recuerdan a los de las descargas electrostáticas), como con la fuerza que posee este humo (puede agarrar, levantar y lanzar cosas y personas) y al que casi nada parece poder hacerle frente o contener, nada aparte de la ceniza esparcida por tierra para formar espacios protegidos. Sabemos también que Ben era capaz de invocarlo pero no de controlarlo.


En el comienzo de la sexta temporada ocurre algo importante: el humo negro se revela como una de las formas en las que se manifiesta una Cosa que parece amenazar a la Isla y, quizá, al mundo entero. Por lo tanto, la Isla no sólo es enigmática y está dotada de poderes singulares sino que la "habita" una Cosa inquietante con rasgos mortíferos y destructivos. Descubrimos además que esta cosa ha adoptado la apariencia del difunto John Locke, al igual que en el pasado probablemente adoptara la apariencia del padre de Jack.


¿Qué nos dice todo esto? Que el humo negro no era simplemente un monstruo añadido a una historia de por sí ya demasiado compleja y poblada de personajes sino que es la manifestación de una Cosa inscrita en el corazón de la Isla misma y alrededor de la cual casi con toda seguridad veremos que se ha construido Perdidos. Ya hemos visto los indicios de esta centralidad de la Cosa que ha adoptado primero el aspecto del monstruo del humo negro y después la apariencia de John Locke. Durante muchísimos años, tal vez milenios, esta Cosa ha permanecido prisionera de algún modo pero, ahora, tras el asesinato de Jacob, se ha liberado y amenaza no sólo con matar a todos los que están en la Isla sino, podemos suponer, con destruir también el mundo que existe más allá de la Isla. En otras palabras: el equilibro entre el principio del Bien como algo que dota de estabilidad a las cosas y protege la vida y el principio del Mal como fuerza destructora y disgregadora se ha visto alterado. En los próximos episodios, con casi toda probabilidad, asistiremos a un enfrentamiento entre los que se posicionen de un lado y los del otro.


Lo que sigue siendo extremadamente interesante desde el punto de vista filosófico no es sólo la visión en el horizonte del enfrentamiento épico que se avecina entre dos principios metafísicos, el Bien y el Mal, sino también y sobre todo el hecho de que, con el cuarto episodio de la sexta temporada, Perdidos nos muestra el corazón de lo real poniéndonos cara a cara con sus manifestaciones monstruosas. Lo real, podríamos decir volviendo a Jacques Lacan, no es la realidad estable y estructurada con la que nos enfrentamos normalmente. Lo real es aquello que escapa a esta estructuración, una especie de Cosa traumática que amenaza siempre con desestabilizar la estructuración misma de la realidad. No tenemos acceso a este aspecto real traumático y amenazante pero es posible encontrar en la realidad alguna de sus manifestaciones que muy a menudo tienen un aspecto monstruoso. En este sentido, el humo negro es una manifestación, en la realidad, de lo real traumático inscrito en el corazón de la realidad, una realidad con la que Perdidos parece haber llegado por fin al ajuste de cuentas final.

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Simone Regazzoni Fri, 26 Feb 2010 17:30:00 +0100
El palacio del destino y las series de los mundos http://www.gentedigital.es/blogs/eldiariodeperdidos/4/blog-post/89/el-palacio-del-destino-y-las-series-de-los-mundos/ En Sabios de Teodicea, Leibniz narra el sueño que Teodoro, gran sacerdote del templo de Júpiter, tuvo mientras dormía en el templo de Palas Atenea: «En el sueño, se vio transportado a un pueblo desconocido. Allí encontró un palacio de esplendor indescriptible y grandeza inmensa. La diosa Palas apareció en la puerta rodeada por los rayos de una majestad deslumbrante. (...) Júpiter que te ama (dijo ella) te ha confiado a mí para que te instruya. Aquí ves el palacio del destino del que soy guardiana. El templo contiene las representaciones no sólo de lo que ocurre sino también de todo lo que es posible. Y Júpiter, tras observarlas antes de que el mundo comenzara a existir, distribuyó las posibilidades en mundos y eligió el mejor de todos. A veces, vuelve a visitar estos lugares, para concederse el placer de recapitular y de renovar su elección, por la que no puede evitar congratularse. Basta con que diga una palabra para que veamos todo un mundo que mi padre habría podido crear y en el que aparecerá representado todo lo que se puede pedir.»Los presupuestos filosóficos de los mundos paralelos se encuentran ya aquí: en este texto de 1710. El palacio del destino imaginado por Leibniz es un palacio que contiene todos los mundos posibles de los que el único en activo es en el que vivimos, el único que existe realmente: el mejor de los mundos posibles. Cada habitación del palacio representa un mundo y los mundos-habitación se encuentran dispuestos en una estructura piramidal. La pirámide consta de una cúspide, representada por el mejor de los mundos posibles que está sucediendo, pero no tiene base puesto que los mundos posibles se multiplican hasta el infinito.

Perdidos, en la sexta temporada, desmonta el orden de la pirámide. Cuando vemos aterrizar en Los Ángeles a Jack, Kate, Sawyer y a todos los demás, no vemos uno de los otros mundos posibles que Júpiter podría haber creado junto al mundo que transcurre (el mundo en el que el avión se estrella) sino que vemos desarrollarse ese mundo posible junto a otro mundo también en desarrollo. La narración de la sexta temporada se mueve entre dos mundos en activo cuyos sucesos transcurren de forma paralela.

Podríamos conformarnos con definir de este modo las demás complicaciones de Perdidos, su modo de proceder cada vez más definido por el caosmos que por el cosmos: se mueve hacia un cosmos que ha perdido cualquier tipo de orden, incluido el de la unicidad del mundo existente. Pero esto supondría una simplificación que no nos permitiría percatarnos de algunos indicios pequeños pero significativos que nos hacen dudar sobre la posibilidad de mantener los dos mundos que ahora existen bien separados y diferenciados como dos habitaciones de la gran pirámide leibniziana que no se comunican.

No cabe duda: nos encontramos frente a dos mundos. Sin embargo, debemos añadir que estos dos mundos, a su vez, están compuestos por una serie de sucesos diferentes y que cada personaje está relacionado o involucrado en una cierta serie en vez de en otra. Esta separación del mundo y de los otros mundos en series de sucesos diferentes en las que sus varios personajes se relacionan queda más que claro en Perdidos que, desde el principio, avanza y retrocede en la propia narración montando e intercalando las diferentes series: la serie de Jack, la serie de Sawyer, la serie de Kate, la serie de Hugo y después la serie de Ben, la serie de Juliet, etc. Por lo tanto, en la sexta temporada, tenemos no sólo dos mundos paralelos en acción sino dos mundos como dos conjuntos de series uno paralelo al otro. Podría parecer una simple clarificación que no añade nada a la estructura de los mundos de la sexta temporada.

En realidad, no es así. Si lo pensamos bien, podemos empezar a interpretar algunas de las extrañezas con las que nos hemos encontrado en los primeros dos episodios de la sexta temporada observando precisamente la articulación de los mundos en serie. Porque es cierto que existen dos mundos paralelos pero ocurre que algunas de las series de estos mundos paralelos entran (o, al menos, eso parece) en contacto. Es como si existieran puntos tangenciales y contaminantes entre series de mundos diferentes, aunque los mundos en sí siguen siendo distintos.

Sabemos perfectamente que en las temporadas anteriores de Perdidos, especialmente en las primeras, algunas series de eventos relacionadas con un personaje, llegados a cierto punto, se entrelazaban con una serie de eventos relacionados con otro u otros personajes. Pero eran series que pertenecían a un mismo mundo. Ahora, con la sexta temporada, nos encontramos ante un grupo de mundos diferentes que, al menos en uno de ellos, parecen guardar alguna relación con la serie de otro mundo.

En el primer episodio, vemos a Jack en el baño del avión (en el mundo en el que el avión aterriza) mirándose en el espejo una herida en el cuello que no ha podido hacerse en el avión y que, por lo tanto, no tiene una razón de ser en una serie de eventos inherentes a Jack y que pertenecen al mundo en el que el avión aterriza. ¿De dónde sale esa herida? Una posible respuesta es que esté relacionada con un suceso de una serie inherente a Jack pero que pertenece a otro mundo en activo. En el segundo episodio, vemos a Kate quien, mientras intenta escapar en un taxi, se detiene un momento para mirar a un pasajero que acaba de bajar del vuelo 815 pero que no conoce. Dicho pasajero es Jack y por un segundo es como si Kate "reconociera" a Jack. Esto sería posible sólo si la serie de eventos inherentes a Kate que pertenecen al mundo en el que el avión aterriza tiene algún punto de contacto con la serie de eventos inherentes a Kate que pertenecen al mundo en el que el avión se estrella.

Se trata de pequeñas zonas de turbulencias entre los dos mundos que parecen poner en contacto algunas de las series, sin por ello sembrar dudas (al menos, por ahora) en cuanto a la separación de los dos mundos como orden de su existencia. Pero eso no es todo. Estas zonas de turbulencia parecen converger en torno a un personaje que podría componer a su alrededor series transversales, es decir, series de eventos que atraviesan los dos mundos. Dicho personaje es Desmond a quien, en el primer episodio de la sexta temporada, vemos aparecer y desaparecer del mundo en el que el avión aterriza.

 

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Simone Regazzoni Wed, 17 Feb 2010 18:45:00 +0100
Filosofía de los viajes en el tiempo http://www.gentedigital.es/blogs/eldiariodeperdidos/4/blog-post/85/filosofia-de-los-viajes-en-el-tiempo/ "Si conseguimos hacer lo que ha dicho Faraday, el avión no se estrellará y el vuelo 815 aterrizará en Los Ángeles".  La cuestión planteada por Jack al final de la última temporada resulta sin duda problemática desde el punto de vista filosófico. Si se reflexiona sobre ella, se corre el riesgo de perderse entre un pasado y un futuro que, según el punto de vista, parecen transformarse el uno en el otro. Pero, para entender qué ocurre en el extraordinario inicio de la sexta temporada, hay que intentar hacer el esfuerzo.

Partimos de una pregunta. ¿Es posible modificar lo que ya ha sucedido, desde el punto de vista del que viaja hacia atrás, retrocediendo en el tiempo? La respuesta general es bastante simple: no. Incluso si se pudiera volver atrás en el tiempo no sería posible cambiar el pasado. ¿Por qué? Simplemente porque el pasado ya ha sucedido. Lo que pasó, pasó. En otras palabras, aunque pudiéramos volver atrás en el tiempo, no es posible hacer que no pase lo que ya ha pasado.

Cierto. Pero también es cierto que, en el caso de que fuera posible viajar atrás en el tiempo, la idea de volver al pasado, intervenir sobre lo sucedido y modificarlo no nos parecería imposible o contradictoria. ¿Por qué? Simplemente porque mientras miramos el pasado desde nuestro presente, éste ya ha ocurrido, es pasado, precisamente. Pero, en el caso de que (hipótesis) volviéramos atrás en el tiempo y nos encontrásemos en el pasado, el tiempo que tendríamos por delante sería, para nosotros, en ese momento, futuro, por lo que todavía tendría que suceder.

Apliquemos este razonamiento a Perdidos (simplificando un poco). Llamemos punto B al año del incidente del vuelo 815. Llamemos A al año 1977, el punto del pasado en el que caen algunos personajes de Perdidos. El tiempo que se encuentra entre B y A, observado desde B (presente), ya ha sucedido, es pasado. Sin embargo, cuando algunos losties aparecen en A (1977), A se convierte en su presente y, así, para ellos, el tiempo que se encuentra entre A y B es futuro en ese momento. Y dado que el futuro es aquello que aún está por suceder, la idea de poder intervenir en lo que todavía tiene que ocurrir parece lógica. Por eso, a Jack no le parece descabellada la idea de Faraday: volemos en pedazos la Isla ahora, en 1977, para que, en 2004, no se produzca ningún accidente aéreo.

Entonces, ¿dónde está el problema? El problema reside en el hecho de que dicho futuro (el que se encuentra entre A y B) es un futuro relativo, es decir, es un tiempo que aún está por suceder sólo desde el punto de vista de A. Pero, para los que vienen de B, ese futuro ya ha tenido lugar. El desastre aéreo ya ha ocurrido. Por lo tanto, el futuro que desde el punto de vista de B es un pasado ya ocurrido no puede no darse, tiene que pasar porque ya ha pasado. Con esto, ¿debemos deducir que es imposible que no suceda? No, exactamente. Más bien deberíamos decir que es imposible en relación con ese mundo, aquel en el que lo que pasará ya ha pasado, el mundo cuya historia nos han ido contando, al menos hasta el final de la quinta temporada de Perdidos. Pero nadie ha dicho que ese mundo sea el único que existe.

Hipotéticamente, supongamos ahora que sea posible cambiar el pasado: aún así, nos toparíamos con una paradoja. Modificar el pasado para eliminar, en el futuro, el suceso que no queremos que se materialice significaría eliminar aquello que ha propiciado la situación que nos ha conducido al pasado para poder así modificarlo y conseguir de esta manera que no se de dicha situación. En otras palabras: el suceso que no queremos que ocurra tiene que tener lugar para que exista la posibilidad de hacer que no ocurra. El suceso que no queremos que se materialice debe materializarse para que pueda no materializarse. Simplificando: si alguien quisiera volver al pasado para matar a su padre acabaría con aquello que posibilita su acto puesto que su existencia y, por lo tanto, la posibilidad de volver atrás en el tiempo dependen de la existencia de su padre.

Volvamos a Perdidos. El avión se ha estrellado por un motivo relacionado con la Isla en 2004. A partir del desastre aéreo es cuando se produce una cadena de acontecimientos que llevan a un grupo de losties al pasado, es decir, al año 1977. Ahora, en 1977, Juliet consigue explotar una bomba atómica que destruye o hunde la Isla, una Isla que es la causa más o menos directa del desastre aéreo de 2004. De esta forma, Juliet es capaz de eliminar la causa (la Isla) que en el futuro hará posible el retorno de los losties al pasado. Pero esto da lugar a una paradoja insoluble.

Por lo tanto, el pasado no puede cambiarse de ningún modo porque ya ha sucedido y porque, aunque lo cambiásemos, paradójicamente dicha modificación imposibilitaría el propio cambio. Así que no cambiaría nada. Por eso, cuando después de la explosión los losties siguen en la Isla y Juliet muere a causa de las heridas sufridas, Sawyer quiere matar a Jack ya que no ha cambiado nada. La explosión sólo ha provocado un salto temporal pero ninguna transformación del futuro / pasado. La única novedad es la muerte de Juliet que, de este modo, se habría sacrificado en vano.

Éstas son las palabras que Sawyer le dedica a Jack:

Te has equivocado. Es la maldita escotilla de la estación Cisne lo que ha saltado por los aires, justo como la dejamos antes de empezar a saltar en el tiempo. Dijiste que podríamos evitar que la construyeran, que nuestro avión no caería nunca en esta Isla. (...) Nos has hecho volver al punto de partida excepto por el hecho de que Juliet está muerta. Está muerta por tu culpa, hijo de puta, porque te has equivocado. (VI.1)

Pero, ¿tiene razón Sawyer en realidad? Sí y no. Con el comienzo de la sexta temporada podemos decir que Sawyer tiene razón y no, al igual que Jack. También podemos afirmar que Juliet está muerta y no está muerta.

"Ha funcionado". (VI.1) Son las últimas palabras que Juliet quería pronunciar antes de morir y que Miles le transmite a Sawyer al conseguir entrar en contacto con el espíritu de Juliet. Por lo tanto, la bomba atómica no sólo ha explotado sino que también ha conseguido provocar algún que otro efecto. ¿Cuáles son esos efectos? Hemos dicho que no es posible modificar el futuro ya ocurrido y, de hecho, los losties siguen en la Isla.

Y, sin embargo, la sexta temporada nos muestra la llegada de los losties a Los Ángeles. Empieza con un incidente, el del vuelo 815, que no sucede, justo como querían Faraday y Jack, porque la Isla que debía provocarlo no existe: está hundida en el fondo del océano. Entonces, por un lado, Juliet ha conseguido destruir la Isla y sobrevivir y, por el otro, ha fracasado. Dicho de otra forma, Jack tiene razón pero también estaba en lo cierto. Jack tiene razón, pero Sawyer también. ¿Cómo es posible todo esto?

Es posible porque la sexta temporada, o al menos eso parece, responde de forma coherente a las paradojas filosóficas relacionadas con los viajes en el tiempo. Por un lado, el comienzo de la sexta temporada nos dice: el pasado no se puede cambiar. Por otro, afirma: pero esto sólo es válido para el mundo en el que el futuro ya ha sucedido. Pero este mundo, del que hasta ahora se nos ha contado la historia en Perdidos, no es el único que existe. No sólo hay otros mundos posibles sino que, aparte del que conocemos, existe como mínimo uno más. Perdidos ahora nos narra la historia de al menos dos mundos. Por eso no resulta contradictorio afirmar que Jack tiene razón pero que también se equivoca, que Sawyer está en lo cierto pero que también está equivocado, que los losties han aterrizado en Los Ángeles y que no, que Boone y Charlie están muertos y vivos. No existe contradicción entre estas afirmaciones sino una simple incompatibilidad: son todas ciertas sólo que en mundos diferentes.

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Simone Regazzoni Tue, 09 Feb 2010 22:45:00 +0100
Perdidos (diario filosófico) http://www.gentedigital.es/blogs/eldiariodeperdidos/4/blog-post/84/perdidos-diario-filosofico/ «2 de febrero de 2010: la cuenta atrás ha comenzado. El momento de la verdad se acerca. Aunque aún resulte difícil intuir simplemente cuál puede ser el perfil de esta verdad. No faltan pistas pero sí el patrón que les dé un sentido. ¿De qué verdad estoy hablando? De la verdad de Perdidos, de una obra de arte televisiva sin parangón que ha apasionado a millones de personas poniendo sobre la mesa la pérdida de la verdad como certeza, como algo que da equilibrio a un mundo en el que podamos orientarnos.

Cierto, nadie ha dicho (de hecho, es poco probable) que la verdad de Perdidos se presentará como una simple respuesta que resuelva todas las dudas e interrogantes. En Perdidos, no se tratará de descubrir la verdad de forma similar a cómo se descubre al asesino en las novelas negras. Seguramente, nos enfrentaremos cara a cara con el enigma de la Isla tras años recorriendo junto a los losties lo que Heidegger llamaba holzwege, los caminos que se pierden en el bosque.

Mientras esperamos, resulta interesante mirar a nuestro alrededor, echar un vistazo al mundo "real". Se pueden descubrir cosas interesantes gracias a los efectos muy reales de la ficción, especialmente de una ficción excepcional como la de Perdidos.

El ocho de enero de 2010, el portavoz del presidente norteamericano, Robert Gibbs, se presentó delante de la prensa para anunciar lo siguiente: "Con su discurso sobre el Estado de la Unión frente al Congreso, el presidente Barack Obama no pondrá en peligro la emisión del primer episodio de la sexta y última temporada de Perdidos". En los días previos, se había extendido la hipótesis de que el día 2 de febrero de 2010, fecha de inicio de la última temporada de la serie de televisión Perdidos, Obama ocuparía las pantallas estadounidenses con su discurso sobre el Estado de la Unión. Este rumor provocó el enfado de los fans de la serie en Facebook y Twitter.

El presidente de Estados Unidos no respondió como habría podido: ¡Pero si sólo es ficción! Existen temas mucho más serios y reales, como por ejemplo la reforma sanitaria en Estados Unidos, y es de eso de lo que hablaré frente al Congreso aunque eso signifique aplazar la emisión de una serie de ficción televisiva. No. Obama dejó que su portavoz declarara lo siguiente: "No puedo imaginar un contexto en el que el Presidente deje a millones de personas sin la respuesta que esperan ante los interrogantes planteados en Perdidos". En otras palabras, las incógnitas planteadas en la ficción son más importantes que las palabras del presidente. Esto es algo que a muchos les puede parecer inquietante pero que ilustra a la perfección el poder de la ficción y de su interacción con la realidad.

Pero, ¿por qué la ficción, en apariencia tan inconsistente y pasajera, tiene tanta fuerza de inserción en la dura realidad, hasta el punto de ser capaz de oponerse al poder del Presidente de Estados Unidos? Porque no existe una distinción ontológica clara entre realidad y ficción, es decir, entre lo que es ficción y lo que es realidad.

La realidad es permeable a la ficción porque se estructura a través de ella. Hoy más que nunca. La realidad, como nos enseña Perdidos, es un sistema complejo en el que la ficción, en sus diversas formas, es un elemento esencial. Por lo tanto, en este sentido, la imagen que ha circulado por la red y que ha retratado a Barack Obama y a Jack Shephard el uno junto al otro representa perfectamente el espíritu del tiempo.»

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Simone Regazzoni Mon, 01 Feb 2010 18:15:00 +0100