“Venezuela: atrás en el tiempo y en el espacio”, por Irene Zoe Alameda

9 Diciembre, 2009 por Granta Dejar una respuesta »

Para la vuelta de Venezuela, la escritora se había propuesto entregar su reportaje, largamente pospuesto, sobre Senegal. El año anterior había realizado un viaje por el país africano, y durante veintiún días de exploración recorrió el país a lo largo de la carretera transversal que une el interior con la costa, al tiempo que había ido anotando detalles, itinerarios y reflexiones con disciplina documental.

La inversión de tanta pulcritud no fue retribuida por el valioso impacto irreflexivo que suele dotar de sentido a los buenos viajes. Como todos los escritores, ella sabía que los verdaderos textos se gestan en el falso caos orquestado por la imaginación.

En el embarque del vuelo de Atlanta con destino a Caracas pensaba la escritora en ponerse a escribir sobre su ya lejano viaje a Senegal. Para alentarse, pensaba en el ballenero Melville, en el soldado Cervantes, en el marino Conrad, en el traficante Rimbaud; pensaba en la difícil negociación que se da en la personalidad de una escritora antes de que el mundo la reconozca como escritora; pensaba en que Coetzee había llamado en Elizabeth Costello «lo invisible» al autor que reclama su espacio omnímodo en la vida del artista; al personaje colonizado por lo invisible (la materia humana que lo sostiene) lo denominó «Secretaria/o de lo Invisible»; pensaba en que Millás, mucho más apasionado y menos teórico en los espacios dedicados a las simbolizaciones, había denominado «yo neurótico y sufriente» al autor que pugna por existir y emanciparse, y «asesino» a la persona normal, cuya máscara esconde al escritor.

Pronto se percató de que su compañero de fila en el avión intentaba que su mirada se cruzase con la de ella. Pero la escritora se afanaba en producir una idea sobre la que extender una inteligente red de asociaciones. «El yo Invisible procesa la misma realidad que las personas más realistas, pero la contrasta con una retícula imaginal en un ejercicio de traducción directa e inversa permanente que tiene forma de diálogo. La imaginación, como la describió Bajtin, es dialógica, y quienes escribimos sabemos lo costoso, desde un punto de vista psíquico, que es descubrir primero, asumir después y finalmente renegociar los términos en los que ese diálogo se va a instaurar de forma definitiva en nuestro carácter y en nuestra vida. Volviendo a Coetzee o a Millás, la consagración de la escritora tiene lugar cuando la asesina deja de reprimir a la Yo Neurótica Invisible para convertirse en su humilde Secretaria: cuando la Imaginación ha domesticado a la Realidad.»

Su compañero de fila terminó por iniciar su anhelada cháchara, y lo hizo preguntando a la escritora acerca de su nacionalidad y los motivos de su viaje a Venezuela. El trabajo conversacional de la escritora acabó pronto porque él, impaciente, dijo:

«Mi vida sí que es para escribir un libro. ¿La quieres escuchar?»

Y ella, cortés y desinteresada, asintió.

Y escuchándole se enteró de que aquel hombre se llamaba Rafael Ramírez y estrenaba su primer día de libertad después de haber cumplido dos años de sentencia, condenado por un delito de Blanqueo de Dinero.

Rafael le habló durante un par de horas de las timbas de póquer que había jugado en la prisión de McRae apostando Tuna Fish; del juez Middlebrooks, de los agentes federales que le ofrecían a los detenidos cambiar meses de cárcel por personas; de los condenados a «vida», cadena perpetua, y de cómo se podían acumular «vidas» como latas de Tuna (en McRae hay gente con siete vidas). Le contó cómo lloró cuando se enteró de que lo iban a liberar, porque había pasado dos años en gran medida gozosos: sin trabajar, sin atender a su esposa ni a sus hijos, sin dinero y con Tuna Fish en el armario, con televisión y cine, y libros, y póquer y amigos.

En dos momentos distintos le dijo dos frases memorables. La primera es la frase que pronuncian los asistentes del juzgado cuando se va a iniciar un juicio:

«Los Estados Unidos de América contra Rafael Ramírez»

La segunda bien valdría para dar título al capítulo de un libro:

«Tú sí te pareces a Dios»

que fue lo que exclamó Rafael al conocer a su abogado, tres días después de su detención.

Cuando el ex convicto se cansó de contar, la escritora se fijó en las personas que los rodeaban, y con poquísima perspicacia se enteró de que el deportado y ella compartían fila con Sergio Chejfec y con Miguel Gomes, los dos autores con quienes al día siguiente compartiría mesa redonda en la Bienal Literaria de Mérida, Venezuela. Pero la suerte de escuchar la historia de Rafael la tuvo sólo ella:

«The only reality highlights when you are out of place»

Fue lo que pensó, y en la inminencia de su aterrizaje en Caracas admitió ante sí que no iba a poder escribir su reportaje sobre Senegal.

Al contrario de lo que hizo en Senegal, la escritora se entregó a su viaje por Venezuela con una desidia creciente. No le gustó que le hicieran rellenar, con un grasiento bolígrafo, un formulario en el que juraba por su honor no estar infectada de Gripe A, ni tampoco que le hicieran prometer que durante su estancia en el país iba a cubrirse la boca para toser y a lavarse las manos con jabón, durante al menos veinte segundos, con frecuencia.

(En ninguna de sus visitas a los aseos públicos en los once días que duraría su viaje por Venezuela encontró la escritora jabón para lavarse las manos. tampoco papel higiénico.)

Tampoco le gustó que un oficial aeroportuario comprobara que la maleta que sacaba de la cinta de equipajes era efectivamente suya, ni que la abordaran docenas de carteristas y librecambistas al salir a la sala de llegadas.

Le pareció enormemente descortés que el señor que los esperaba, a ella, a Gomes y a Chejfec, les soltara un puñado de bolívares y los abandonara a toda prisa frente a una Posada para que descansaran durante las cinco horas que les sobraban hasta su próximo embarque. No descansó en la Posada, entre otras cosas porque estaba construida a pie de pista. Durante toda la noche despegaron y aterrizaron aviones que le hicieron revivir una pesadilla subconsciente que había heredado del 9/11 de 2001, cuando vivía en Nueva York.

Cuando por fin llegó a mediodía a su destino en Mérida se disgustó más. El saludo personalizado que le dedicó su admirado Vila-Matas se revelaría falso tres días después, pues ni él la reconocía, ni la había leído, ni sabía que ella había contribuido con un excelente artículo al monográfico sobre su obra editado por Arco-Libros, bajo los auspicios de la Universidad de Neuchâtel.

En la recepción del hotel dieron por supuesto que ella, por ser hembra, era la esposa de uno de los escritores que estaban registrando su llegada, y le dieron una segunda llave para acceder a la habitación de Chejfec. Eso la soliviantó. Se encaró tan mal al recepcionista que éste la castigó destinándole la última de las habitaciones del último de los corredores, colindante con las obras de una retroexcavadora que, desde ese punto hasta su huída de Mérida, no dejó de enviarle insectos y ruidos.

Mientras deshacía su equipaje para sacar un pijama y echarse un rato a descansar, un representante de la Bienal le informó por teléfono de que era la hora del almuerzo y luego, como distraídamente, se despidió:

«Hasta las 2, pues»

«A las dos… ¿por?»

«Porque a las 2 es su mesa redonda. ¡Ay! ¿No se lo han informado? ¡Qué mala pata! Su mesa redonda se ha tenido que adelantar de las 6 a las 2 por motivos de organización.» (…) *

***

* Lee el texto completo en “Cosa de hombres”, el número 10 de Granta en español

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6 comentarios

  1. Enrique dice:

    En la revista Quimera…

    El pasado mes de julio la Universidad de los Andes de la ciudad de Mérida (Venezuela) organizó su ya tradicional Bienal Literaria Mariano Picón-Salas, que contó con la presencia de algunos escritores españoles, entre estos Vila-Matas, Miguel Serrano Larraz, la escritora Irene Zoe Alameda, quien desde hace unos meses dirige el Instituto Cervantes de Estocolmo y los directores de esta revista. Bien, nos acaba de llegar el último número de la revista Granta en español en el que Alameda publica la crónica de su viaje a Venezuela y su paso por la mencionada Bienal, y vaya, el texto no tiene desperdicio. La repentinamente implacable cronista recorre “poblachos” (sic) venezolanos, se asquea de los complejísimos cajeros automáticos y los vertederos de basura a los que los lugareños llaman miradores, es devorada hasta chorrear sangre por horrorosos bichos, ironiza sobre la supuesta ignorancia de los hosteleros, taxistas y barqueros (aparentemente omnubilados por su aura “eZpañola”) y, en líneas generales, pone a parir a todo dios. Por no salvarse no se salva ni Vila-Matas. Aunque este detalle es realmente intrascendente, como intrascendentes serían las impresiones eurocentristas y, como decirlo, rematadamente pijas, de la autora, si esta no fuera, pues eso, directora de un Instituto Cervantes, una institución que hasta donde sabemos debería no solo promover la lengua sino estrechar lazos entre los países de habla hispana. De Alameda sorprende no solo la mala educación –los venezolanos la transportaron, hospedaron y alimentaron durante varios días además de intentar compartir con ella sus gustos, sus monumentos, su cultura– sino la incapacidad para entender otras realidades, otros códigos, otros paisajes sociales. Lamentable.

  2. luis dice:

    Concuerdo con Enrique: lamentable. El texto de esta señora es lamentable.

  3. Kaory dice:

    La escritora andaba por Mérida acompañada del doble de Ian Curtis.
    Quizás para su próximo viaje debería hacerse acompañar del doble de El Puma, para que la respeten más…

  4. Julio i Glesias dice:

    Considero que el problema de fondo no está tanto en la señora Alameda, que tiene que trabajar con sus limitaciones de visión y talento, sino en los editores de Granta, que publican un texto mediocre técnicamente, un texto de becario principiante, cuya trama es pobre y esterotipada.

    Estas cuestiones de oficio literario y periodístico nada tienen que ver con la opinión de la autora, que es dueña de ella y libre de intentar publicarla. Pero un texto mal escrito es intolerable en una revista que se pretende tótem del periodismo literario.

    La señora Alameda, en su respuesta al escritor Roberto Echeto, dice que al referirse a sí misma como “la escritora” está marcando, de forma implícita, que su texto es de ficción. Me sorprende que una investigadora con ¡tres! años de experiencia en un prestigioso centro español no haya nunca leído a un maestro de periodismo literario que usaba “el escritor” en sus crónicas: Norman Mailer no hacía ficción y asumía la tercera persona en varios de sus textos.

    ¿Realmente cree la señora Alameda que era original su “idea” de este tipo de autoficción?

  5. Yami dice:

    Después de leer el texto de la crónica de la Señora Alameda sobre un supuesto viaje a Venezuela, y luego de leer la carta del Señor Echeto y la seguida respuesta de Alameda, pienso que esconderse detrás un personaje tan odioso y repulsivo como “la escritora” para denigrar sin respeto ni consideración sobre mi país (Venezuela), constituye una farsa que sólo se creen la propia Alameda y la revista Granta. ¿A quién pretende engañar ella diciendo que es un reportaje de ficción y que el personaje “la escritora” no es ella misma, sino un producto de su “creatividad”? ¡Por favor! Me parece que su estilo literario es subjetivo, pobre y carece de un estilo que se merezca algún comentario positivo. Lo que si creo de lo narrado en ese “reportaje de ficción” (como ella pretende hacer ver) no es más que su propia opinión disfrazada. Y me causó tristeza por ella, cuando afirma que tiene lazos personales con mi país, y que vivó aquí, ya que a todas luces es una mentira más, producto de su creatividad quizás…. Señores, una persona que haya vivido en Venezuela, tenga lazos personales y familiares aquí, y conozca bien a este extraordinario país latinoamericano, jamás se inspiraría para escribir tanta basura, a menos que sea una persona mediocre, corta de mente, insensible e incapaz de apreciar lo bueno y lo bello de los lugares donde está o ha estado. Se trata simplemente de una persona con evidentes signos de frustración, amargura, mente escueta, retorcida, incapaz de ver y expresar algo positivo porque no guarda nada de eso en su interior. Venezuela es un país hermoso, Mérida y sus posadas son lugares para disfrutar, su gente es amable y recibe a los turistas con un trato digno y respetuoso. Su gente es amable y con un extraordinario sentido del humor. Si la señora Alameda vivió tan mala experiencia, será por su antipatía a flor de piel. Debe ser bien fea. Lo lamento señora Alameda, pero su trabajo literario deja mucho que desear, al menos en esta crónica sobre Venezuela.

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